Eloy Garza González

Jun 21, 2018

Los niños enjaulados


Enjaular niños es un delito que no se corrige con una orden de Donald Trump. Es una privación de la libertad física (que incluye la tortura de luces encendidas día y noche y la separación de padres e hijos) que viola normas fundamentales del derecho internacional. A este hecho punible, el gobierno de Donald Trump le añade el delito no menos grave de separar a los hijos de sus padres. El trauma que provocará en estos menores de edad el encierro injusto y forzoso, no se corregirá por el resto de sus días.

 

Los niños no suelen procesar los castigos que se les infringe como una consecuencia injusta a su mal comportamiento. Para los menores, toda sanción es justa: se da porque se la merecen. Es imposible que una mente infantil entienda que a veces, los adultos castigamos por placer, por mera crueldad o por aplicar una ley absurda y kafkiana.

 

Los campos de concentración nazis se levantaron primeramente para cumplir una ley, para acatar una normatividad. De ahí que muchos oficiales nazis justificaran el salvajismo de sus actos bajo la excusa de que simplemente cumplían la ley. El gobierno norteamericano apela al mismo argumento cuando enjaula niños y los separa de su padres. No es fascismo; es algo que va más allá: es nazismo puro y duro. Es la misma supremacía blanca, racista, esclavista, que ensombreció EUA, la tierra de la libertad, cómo se había asumido desde el siglo XIX.

 

Varios opinadores en México, como León Krauze, alegan que los mexicanos no tenemos cara para denunciar estas atrocidades porque también nosotros cometemos abusos con los migrantes centroamericanos. Según ellos, para decirlo bíblicamente, no puedes ver la paja en el ojo ajeno, sin ver la viga en el tuyo propio.

 

Esta posición cobarde la denunció en su momento el italiano Primo Levi. Recluido en un campo de concentración, Levi reparó en que muchos judíos justificaban los crímenes de los nazis, culpándose a sí mismos como personas malas o perversas. ¿Cómo podían condenar a Hitler si ellos también cometían abusos con los demás? Así se incubaba el huevo de la serpiente. De la cobardía, pasaban a la complicidad y luego al salvajismo.

 

Enjaular niños es la práctica más cruel en una larga lista de atrocidades humanas. Peor cuando una grabación registra la pregunta de un guardia a otro: “¿es llanto de bebés lo que escucho?” Y su compañero le responde: “No, son risas”.

  

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Last modified on Jueves, 21 Junio 2018 00:09