Eloy Garza González

Ago 16, 2018

AMLO: quítate de la cabeza el Tren Maya


 

 

Que nadie se preste a engaños: el Tren Maya es una obra de relumbrón. De entrada, es una idea muy atractiva (para los pocos que puedan darse el lujo) subirse a un tren de pasajeros de alta tecnología y viajar a toda máquina por Cancún, Playa del Carmen, Tulum, Bacalar, Calakmul, Palenque, y seguirle por Chichén Itzá y Mérida (dejemos para después el daño irreversible a tantas reservas naturales).

 

Pero si uno lo analiza más detenidamente, reparará en que, para construir los mil 500 kilómetros de vías férreas proyectadas a cuatro años, el gobierno federal invertirá algo así como siete mil millones de pesos anuales. El total de inversión pública sería 32 mil millones de pesos. Una buena lana que sin embargo no pinta para cumplir con las estimaciones finales que rondan los 150 millones de pesos. ¿Quién pondrá el resto?

 

Para esto, AMLO ha tenido el buen tino de designar a Miguel Torruco como su Secretario de Turismo, un hombre a quien le sobra imaginación, contactos en el sector y amplias relaciones empresariales (su consuegro es Carlos Slim, aunque se enojó con él por el tema del nuevo Aeropuerto), así que seguramente Torruco no batallaría para buscar inversionistas privados que le apoquinen a la obra, comenzando por el propio Slim.

 

AMLO también nombró a Rogelio Jiménez Pons como director de FONATUR, quien conoce muy bien la zona maya de México porque fue director de Turismo en Tabasco. Sin embargo, a pesar de la gran experiencia en el ramo turístico de Torruco y de Jiménez, el proyecto del Tren Maya puede descarrilarse, porque el gobierno federal tendría que subsidiarlo con dinero que no tiene y la solución sería cobrando muy alto los boletos de pasajeros o hipotecando la obra a largo plazo, idea garrafal cuando de lo que se trata es de invertir en proyectos sociales, que cubran las demandas básicas de los mexicanos más pobres (ese era el plan, ¿no?).

 

Ahora bien, se supone que el gobierno federal sacará la parte de inversión que le corresponde del Impuesto al Turismo, que comprende el Derecho al Hospedaje y el Derecho de No Residente, un impuesto que se disputan el Consejo de Promoción Turística de México (CPTM) y el Instituto Nacional de Migración (INE).

 

En todo caso, la entidad pública que saldría perdiendo en este estira y afloja, será el CPTM (que estará dirigida por Gabriela Cámara, guapa chef, dueña de Contramar, uno de los mejores restaurantes de mariscos en CDMX, si no es que el mejor) porque tendrá que aportar a esta obra gigantesca casi todo el presupuesto anual de su Consejo.

 

Así, prácticamente se quedaría sin recursos para lo que originalmente se creó y por lo que Gabriela ha sido nombrada: promover no un tren sino el turismo, rubro que comprende 10% del PIB; no poca cosa desde que México diversificó su economía, antes reducida casi exclusivamente a la venta de barriles de petróleo.

 

Si en una comida que armen en Contramar se ponen de acuerdo Torruco, Jiménez y la joven Gabriela, puedan ir a convencer entre los tres a AMLO de que desista de este proyecto de relumbrón y se gaste el dinero del gobierno en otras obras de verdad prioritarias.

 

Y es que de plano, como bien lo sabe Torruco, el riesgo es alto en la ejecución del proyecto del Tren Maya, así que sería bueno que AMLO lo pensara dos veces, ahora que todavía se está a tiempo de resignar el presupuesto del próximo año. Al cabo es de sabios arrepentirse.

             

 

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Last modified on Jueves, 16 Agosto 2018 16:57