Verónica Zumalacárregui ama el pozole de México, pero no el taco de ojo

Mar 11, 2018

Bogotá,.- La española Verónica Zumalacárregui ha probado infinidad de platillos típicos en casi 30 destinos del mundo como parte de la serie de televisión “Me voy a comer el mundo”, pero lo que jamás volvería a consumir son los tacos de ojo de res que le dieron en la Ciudad de México.

“Cuando grabamos un capítulo en el barrio de Coyoacán, el anfitrión me llevó a comer tacos de ojo de res y qué complicado. Ya había probado los de sesos, las tripas, el páncreas y el hígado, pero lo único que me faltaba era la lengua y el ojo. No pude con eso, el ojo ha sido lo más difícil que he experimentado”, admitió en entrevista con Notimex.

Pero entre lo que podría degustar a diario, están el pozole blanco. “Es de lo más delicioso que he comido. También me fascina el guacamole, las tlayudas de Oaxaca y la cochinita pibil que probé en un pueblo cercano a Mérida, Yucatán”.

Aunque iba y regresaba de España, Verónica Zumalacárregui permaneció seis meses grabando en México, tiempo que le permitió analizar la variedad de alimentos y lo típico de cada región, pues no solo estuvo en la Ciudad de México, también visitó otras ciudades como Guadalajara y Yucatán.

“Me sorprendieron las mil posibilidades que ofrece el maíz. Yo les preguntaba: ‘Entonces, entre el sope y la chalupa, ¿cuál es la diferencia?’ A nivel gastronómico fue muy interesante estar en México y en lo personal muy enriquecedor, sobre todo porque aprendí las recetas de varias abuelas”.

Recordó que cuando viajó a Bangkok en Tailandia, se topó con un puesto de insectos de todo tipo, entre ellos una cucaracha más grande que su dedo índice.

“Cuando la vi le dije a mi equipo: ‘Eso no lo pienso probar’. Mi productor muy inteligente, me dijo: ‘Vale, vale, no te preocupes’. Sin embargo, ya me conoce y sabe que siempre termino cayendo. Primero empecé por el gusanito, luego por el saltamontes y ya entrada en gustos, me animé por la cucaracha y no me desagradó”.

Al hacer un análisis de todo aquello que ha probado, concluye que podría apostar por muchas cosas, pero se le complica en demasía todo aquello que tenga que ver con vísceras u órganos del animal, como el corazón, la lengua, los sesos o la carne de perro, que ya comió.

La gastronomía peruana es su favorita gracias a la variedad de sus alimentos y de los cuales, muchos provienen de la costa de la selva. Lo que más le agrada es la cocina nikkei que fusiona lo peruano con lo japonés.

Aunque no todos los platillos le gustan, siempre está dispuesta a probar lo que le ofrezcan, pues en su casa le dieron a comer de todo. Su abuela y sus padres, dice, son excelentes cocineros.

“Por fortuna, el programa tiene éxito. Quizá se debe a que trato de ser lo más natural posible. A veces la gente me pregunta por qué no estoy gorda si como tanto, pero les respondo que hago mucho deporte.

“Y sí, en los viajes siempre cargo una colchoneta y practico yoga; además, siempre busco lugares para esquiar. Tengo que hacer ejercicio porque de lo contrario, me pongo de malas. Si la audiencia nos prefiere es porque sabe que llegamos con la mente virgen, yo no busco adoctrinar a nadie, quiero que ellos me enseñen”.

Guisar alimentos no es su pasión. “Para empezar, casi no estoy en casa y cuando vuelvo de un viaje, prefiero hacerme un detox para limpiar un poco a mi organismo, pues como demasiado en cada visita, así que siempre voy a preferir una sopa de verduras, ensaladas, pescado al horno y frutas”.

Con tanta ingesta de alimentos de diversos tipos, asegura que jamás se ha enfermado el estómago, pero sí ha sucedido con los integrantes de su equipo. En India hasta el agua les hizo daño, lo mismo que el picante en México.

De ahí que siempre procuran cargar con medicamentos gastrointestinales y para las vías respiratorias. Estos últimos son para ella debido a que es muy sensible al clima de las regiones.

El aire acondicionado de los aviones y hoteles le afecta para mal. Por ello es que muchas veces se le escucha ronca durante las grabaciones.

“Incluso en muchas ocasiones hasta tengo fiebre, pero no puedo permitir enfermarme y reposar porque el tiempo nos come, es trabajo”, subrayó Zumalacárregui, quien domina tres idiomas: inglés, francés y español.

Viajar a diferentes partes del mundo, dice, le ayuda a liberarse de prejuicios.

“Por ejemplo, en España se come conejo, pero en China lo ven como algo ridículo, pues para sus habitantes es un animal de compañía. Así es que si estoy tratando de absorber algo de su cultura, pues les doy una oportunidad y me dejo de prejuicios. Tampoco los juzgo por su religión ni por su modo de vestir, simplemente abro la mente”.

La idea de realizar un programa como “Me voy a comer el mundo” surgió hace muchos años en su cabeza, pues desde pequeña le ha gustado viajar. Cuando era adolescente, en lugar de invertir el pago por su trabajo en ropa, maquillaje y otras cosas, Verónica ahorraba para adquirir un boleto de avión.

Su tipo de turismo nunca fue el de observar monumentos o museos, sino de contactar con la gente de cada país para conocer su cultura y, sobre todo, su gastronomía.

Verónica Zumalacárregui es periodista de profesión y aprovechó esta ventana para llevar a cabo un proyecto de manera profesional que tuviera que ver con los alimentos de cada nación. Así nació “Me voy a comer al mundo” que transmite el canal El Gourmet.

Es un programa que no se produce al vapor. Para decidir a qué país viajará el equipo, que se compone por un camarógrafo, un productor y ella, Verónica hace una investigación exhaustiva en términos culturales y gastronómicos de cada región.

“Yo decido qué planos quiero grabar y en dónde. Me encargo de localizar mercados, restaurantes y casas para hallar a los anfitriones que nos acojan”, explicó la otrora presentadora del programa “Abuelita linda”.

Aunque pareciera una labor sencilla, no lo es porque cada anfitrión tiene que hablar español, así se encuentre en Japón, Finlandia, Marruecos o India. Dicho proceso, se complica porque no solo es una investigación general sino de localización.

“Ahora ya estoy muy curtida y mejor conectada, pues tengo amigos de todas partes del mundo que a través de las redes sociales me ayudan con algunos tips. Pero antes era lo más difícil del mundo. En algunas ocasiones me pasa que los hallo, pero no les interesa participar y entonces, vuelvo a empezar”, apuntó.

A casi dos años del estreno de “Me voy a comer el mundo”, Zumalacárregui ha visitado por lo menos 27 destinos y a nivel personal, por el mero gusto, ha visitado unos 55 países de los cinco continentes.

Antes dedicaba cuatro días de recorrido en cada ciudad, que se traducían a 14 horas de intenso rodaje. En la actualidad incrementó a cinco días su estancia a fin de estar menos presionados.

A sus 29 años, la conductora reveló que vive sola, pero no se siente como tal, pues los viajes son su mejor compañía y todo el tiempo está en contacto con su familia y amigos. Después podría pensar en una relación sentimental seria, por ahora no.

Ha trabajado para los periódicos “El País” y “The Huffington Post”. Asimismo, en la revista “GQ” y la TVE. Entre sus siguientes planes están la degustación de los alimentos en Ulán Bator, en Mongolia; Kenia, Botsuana y Sierra Leona.

Referente a sus proyectos a futuro, no descarta escribir un libro acerca de sus experiencias en cada viaje.

La segunda temporada de “Me voy a comer el mundo” iniciará en abril próximo con visitas en Marruecos, Eslovenia, Malasia, Macao, Malta, Perú, Jamaica y Bogotá.

 

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