Trinidad, un cantinero de dos épocas

Sep 05, 2018

México.- Una canción de Vicente Fernández ambienta a los clientes, Trinidad Aguirre, un cantinero de dos épocas, ha sido testigo de los cambios en este negocio; además de que ha servido como consejero, e incluso ha sido testigo de infidelidades de algunos clientes a lo largo de 40 años.

En un rincón de la cantina familiar Los Valdepeña, la más antigua en la colonia Obrera, cuatro hombres disfrutan de sus bebidas y juegan al cubilete en una mesa.

El cantinero comenta que el negocio tiene ya más de 118 años de funcionar, pero en la colonia Obrera tiene más de 40 años, “me gusta mucho el negocio, con decirle que dejé la carrera de Derecho para seguir con esta tradición familiar". 

Trinidad Aguirre menciona que a los 18 años empezó a trabajar en El Nivel, la primera cantina de la Ciudad de México, ubicada en la esquina de las calles Moneda y Seminario, a un costado del Palacio Nacional, al lado de su padre, don Pedro Aguirre.

Sin dejar de atender el negocio, “Trino”, como le llaman sus amigos, pide unas botellas de unos de los rones más antiguos (Potosí y Castillo), además de hablar de Potrero, que en esos años muchos lo saboreaban como si se tratara de un whisky.

"El sabor y aroma era tan perfecto que bien podía pasar por ese tipo de bebida", advirtió, sin embargo, nunca nos aprovechamos de eso para engañar a los clientes.

Trino hace memoria para trasladarse años atrás, cuando con su padre trabajaba en la cantina El Nivel, “mi padre me cuenta que ahí llegaban grandes personalidades, como los expresidentes Miguel de la Madrid, José López Portillo y el escritor Carlos Monsiváis, por ejemplo".

Cuando yo llegué, recuerdo que además de los servicios de una cantina, cada quincena les cambiábamos sus cheques a los empleados de la Suprema Corte de Justicia, a los del entonces Departamento del Distrito Federal, de Hacienda y hasta de Presidencia, a cambio del 10 por ciento como pago.

“Los empleados ya sabían que ahí podían pasar un buen rato, comer y beber un poco, y pagar con los cheques sin ningún problema". 

Su nombre se debía al Monumento Hipsográfico, ubicado a un costado de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México,  que por muchos años permaneció a escasos metros de la cantina, y al que popularmente se le conoce como El Nivel.

Trinidad señaló que también ha sido testigo de muchos cambios en estos negocios. “Actualmente las formas, las costumbres han cambiado mucho, en Los Valdepeña, las escupideras son historia”, mientras las señala con un dedo.

Asegura que la cantina es un negocio de fin de semana, los mejores días, los de más clientes, son los viernes, sábados y los domingos, e indica que ahora se bebe con más calidad, los clientes exigen marcas y originalidad.

Por lo que checar que la botella que adquieren tenga los sellos de seguridad se ha vuelto una costumbre; ya que para los clientes la autenticidad de la marca y del valor de la bebida es lo más importante antes de consumirla.

“Hace cuarenta años, pocos verificaban que la botella fuera original, hoy el aumento de estos productos y los riegos para la salud que tienen provocan este comportamiento, además de que nunca pagarían por un producto pirata".

En la entrada se escucha a un hombre que saluda a un amigo, el cual espera en otra de las mesas, con una bebida y las cartas preparadas para jugar. Trino le da la bienvenida mientras uno de los meseros sirve los tragos para los clientes.

Una nueva canción ambienta el lugar, mientras que los pocos comensales que hay disfrutan de sus botanas y de sus tragos. Pues a trabajar, apunta Trinidad Aguirre, quien retoma sus actividaders cotidianas en Los Valdepeña.

NTX/MRG-eitmeida.mx