Gerson Gómez

Ene 14, 2019

Entrar al aro


No es Bronco, ni entrón. Ni de buenos resultados o de encarar las dificultades sociales. Jaime Rodríguez Calderón es incapaz, torpe y bruto: pasado de listo y muy bravucón.

Un personaje tan logrado para evidenciar, un día sí y otro también, la compatibilidad mental con el razonamiento racional.

Jaime, quien en tres años no ha logrado entregar una sola obra de relumbrón, ni de concluir los proyectos anteriores a su gestión, aun utilice como válvula de presión el despacho de representación del gobierno del Estado de Nuevo León en la ciudad de México.

La persecución del ciudadano de Jaime, después de la entrega de recursos frescos al Congreso del Estado, a cada una de las bancadas, permeando en nuevos impuestos, es otra de las joyas de garantía a la ineficiencia.

Tropezar con Jaime Rodríguez Calderón, cuando el gobernador decide presentarse a laborar, de expresarle las necesidades de apoyo inmediato, de gestoría social, es contraproducente.

Jaime improvisa. Sus ocurrencias, antes celebradas por los reporteros de la fuente, a quienes después ha acusado de minusvalorar las acciones de su gobierno, le imposibilitan en la parte moral.

Las molestias ciudadanas se incrementan. Los impuestos ya en función y el inminente incremento en el transporte público es y será, la puntilla discrepante del personaje campirano allegado a gobernador.

 

 

Last modified on Domingo, 13 Enero 2019 21:11