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Covid-19 transforma la vida de las ciudades europeas

Sep 14, 2020

Varias metrópolis europeas constatan una reducción demográfica, causada tanto por los efectos de la pandemia del covid-19, como por problemas preexistentes, que incluyen la concentración excesiva de la población y el alto costo de la vida.

El 20 por ciento de la población europea reside en las 48 ciudades más dinámicas de Europa, entre ellas Londres, Madrid, Milán, Múnich, París y Ámsterdam, las cuales, sin embargo, aseguran el 43 por ciento de crecimiento del PIB del Viejo Continente y el 35 por ciento del aumento de los puestos de trabajo en las últimas dos décadas, según un estudio de la consultora internacional Mckinsey. Sin embargo, este año las urbes, centros neurálgicos de la economía, se enfrentan con un desafío inusual, que podría cambiarlas para siempre.

COVID-19 Y TELETRABAJO: FACTORES DE DESPOBLACION

En 1973 la población de Milán llegó a 1.743.427 personas, el nivel más alto de su historia. Poco después empezó una despoblación que duró más de 30 años y costó a la urbe lombarda casi medio millón de habitantes. En la última década la demografía milanesa empezó a recuperarse, alcanzando la cuota de 1.400.000 personas.

Sin embargo, la pandemia del covid-19 frenó bruscamente este crecimiento. La semana pasada el Instituto Nacional de Estadística de Italia (Istat) informó que tan sólo en seis meses Milán perdió 12.000 personas, por una parte por las muertes causadas por el coronavirus, y en otra por la huida de miles de habitantes a sus regiones de origen.

En Milán, como en otras ciudades europeas, el covid-19 se añadió a otros factores que agravan el fenómeno de la despoblación. Por ejemplo, la digitalización del mundo de trabajo, facilitada por la difusión de Internet de banda ancha y acelerada por la cuarentena, impacta de manera visible la vida urbana. Según un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), un 30 por ciento de los trabajadores de los países miembros puede adaptarse completamente al trabajo a distancia.

Otro ejemplo es Londres. En julio, o sea antes de que subiese de nuevo la curva de contagios con el covid-19, los jefes de las empresas londinenses declararon que tan sólo el 40 por ciento de los empleados volverían a trabajar en las oficinas. Con el aumento del número de contagios en las últimas semanas, esa cifra podría disminuir aún más.


VIDA URBANA POS-COVID

Indicios preocupantes como estos llegan de otras ciudades europeas, como, por ejemplo, París o Estocolmo. Y en todas las urbes la pérdida de la población y la reducción de la circulación de la gente tienen consecuencias poco halagadoras.

En primer lugar, con menos personas que cada día van a las oficinas cae la demanda de las propiedades comerciales. Para los propietarios y accionarios poder cerrar sus oficinas en los centros urbanos significa un ahorro nada despreciable, dado el alto costo de los alquileres de las oficinas. A su vez, muchos empleados están contentos de poder trabajar desde casa, evitando así el estrés cotidiano de pasar horas y horas en el transporte público.

Según un estudio de la empresa inmobiliaria BNP Paribas Real Estate, en Europa las inversiones en este sector ya se hundieron en un 44 por ciento entre mediados de marzo y finales de mayo y es poco probable que pueda recuperarse en el próximo futuro.

Menos empleados en las oficinas significa menos clientes en los bares, restaurantes y tiendas en los centros urbanos. Y si las actividades comerciales venden menos, generan menos empleo. Por ejemplo, en Londres las cadenas de restaurantes de comida rápida Upper Crust y Pret A Manger tuvieron que despedir a miles de vendedores, porque ya nadie va a comprar bocadillos durante la hora del almuerzo.

EL TELETRABAJO, INTERNET...

Una circulación menor de personas también influye en los medios públicos: si la tendencia hacia el aumento del teletrabajo se mantiene, las sofisticadas infraestructuras existentes podrán dejar de ser tan necesarias como antes de la pandemia y tendrán que ser desmanteladas, por lo menos, parcialmente.

Además de transformar el mundo del trabajo, la creciente penetración de Internet en la vida cotidiana también influye en el ocio. Hoy en día, los servicios de transmisión de vídeo (video streaming) permiten a los usuarios disfrutar de los mejores espectáculos y conciertos del mundo entero sin salir de casa, con lo cual para los conocedores de cultura las visitas al teatro milanés La Scala, así como a la Opera de París o cualquier otro grande centro cultural, se hacen menos indispensable que antes.

Todos estos factores también crean un rompecabezas para las autoridades, visto que con la reducción de las actividades comerciales urbanas disminuye la recaudación de los impuestos.

La pandemia del covid-19 exacerba los problemas urbanos ya existentes y obliga las ciudades a cambiar. Pero, por dramática que parezca hoy la situación, sobre todo en cuanto al empleo de miles de personas, que trabajan en el sector de restauración, también surgen nuevas oportunidades. Con menos tráfico, las urbes pueden hacerse menos contaminadas y caóticas y más acogedoras que antes.

 

Fuente: Mundo.Sputniknews.com

Last modified on Lunes, 14 Septiembre 2020 14:53