VIH, mi compañero de viaje durante 40 años

Dic 05, 2018

México.- A finales de la década de los 70, aún con el calor del movimiento hippie en Estados Unidos y México, un huésped silencioso esperaba dentro de los cuerpos de hombres y en menor cantidad de mujeres, haciendo estragos.

Sin embargo, no tardó mucho tiempo en manifestarse, y a principios de la década de los 80 ese huésped mostró su rostro más crudo: el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) se hizo presente y sacudió a la humanidad.

En México, el virus llegó en 1983, pero no fue hasta 1986 que Renee Arturo García Félix lo conoció, un “niño Polanco” de aquella época, que visitaba los antros más famosos de la diversidad sexual, los cuales se ubicaban en Nueva York y Houston en Estados Unidos, pero también los de La Lagunilla y La Merced en México.

Renee se infectó en 1978, aunque todavía no se sabía de la existencia del VIH, ya convivía con él. Su pareja fue el que mostró síntomas, le realizaron la prueba y lo diagnosticaron positivo, de inmediato le hicieron las pruebas a él y también era portador.

Pero la vida tenía un plan, años atrás y sin saberlo, ya se preparaba para enfrentarlo, se volvió “vagabundo filosófico” lo cual se refiere al autoconocimiento, quería saber quién era y para ello, estudió en la escuela de Filosofía en la India donde estuvo un año y renunció a su profesión de médico, en ese momento el virus aún no existía.

Estudió Medicina en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), trabajó en el Instituto Mexicano del Seguro Social 11 años, en general -dice- "le ha ido muy bien", pero el resto de la población infectada no tuvo su misma serte.

Esa formación previa le ayudó a enfrentar el hecho de ser portador del virus, y con esta construcción filosófica apegada a la espiritualidad y su profesión, enterarse de su nueva condición no le generó una locura, pues estaba preparado para afrontarlo.

Renee llevaba algunos años viviendo en una cabaña, “un nicho de espiritualidad” como lo denomina, en Santo Tomás Ajusco, en la Ciudad de México, cuando se enteró; y aquel nicho que él ya tenía para su autoconocimiento, lo compartió con la comunidad LGBT infectada.

Su trabajo en VIH lo integró con la asistencia privada, para acompañar a las demás personas en su misma condición, albergó a la gente con Sida que iba a terminar sus días.

En la actualidad, el hoy médico general especializado en Radiología tiene 76 años de edad y 40 viviendo con VIH, es fundador de Albergues de México, una Institución de Asistencia Privada conformada por médicos, psicólogos, terapeutas, vagabundos filosóficos y guías espirituales de diversos credos.

Ellos se dedican a mejorar la calidad de vida de personas que viven con VIH, o que han desarrollado alguna enfermedad asociada con el Síndrome de la Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA).

“Para que mantenga al virus tranquilito y sea mi cuate, yo le doy de comer todos los días, somos íntimos, no estoy peleado con él para nada, al contrario, le agradezco porque si yo no estuviera infectado yo no estaría aquí, así es como la historia se hila”, destaca en entrevista con Notimex.

Resalta que está encantado con el virus, porque le ha enseñado y a vivir a través de él, porque lejos de ser un estigma para él, y de la sociedad hacia él, es un compañero de viaje.

Nunca ha abandonado el tratamiento, desde el primero momento que recibió el diagnóstico lo ha tomado como corresponde, ya que es una persona disciplinada “por eso estoy aquí, unos, dos, como soldadito”. 

“El virus existe en el planeta Tierra y ha matado a millones de personas, pero conmigo ha sido muy generoso, eso no quiere decir que el virus sea igual para todo el mundo, sigue habiendo estigma y rechazo, yo mismo cuando recibo la noticia no me acepto, lloro, grito y pataleo.

”Hoy día, existe el rechazo y el estigma hacia la comunidad Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual, Transgénero, Travesti e Intersexual (LGBTTTI) y hacia los portadores del virus del VIH, como en el inicio en la década de los 80, porque es parte de la naturaleza humana, rechazar al estigmatizado y al diferente.

Esto sigue igual, remarca, no ha cambiado, lo único es que hay más grupos, organizaciones civiles, censos de derechos humanos para hablar y comentar sobre el tema, pero la sociedad sigue igual.

Ahora, cuenta con la ermita Ajusco, un servicio que mejora la calidad de vida de las personas con enfermedades terminales, les ayuda aminorar el sufrimiento físico, emocional y espiritual y reciben a personas que necesitan acompañamiento, como él lo necesitó, ese asilo da asistencia a personas que tienen el virus. 

Mientras que a los jóvenes recomienda protegerse “el virus es un mito real que mata, discapacita, enloquece, paraliza cuerpo, mente y espíritu”, pero eso no quiere decir que yo no tengan relaciones sexuales, no está prohibido, pero siempre con protección.

Hay que practicar sexo seguro, protegido, usar el condón masculino y femenino, pero siempre con el uso del “hulito” no se debe pretender ser valientes, deben ser generosos consigo mismos y con los demás, afirma.

En tanto, a la sociedad urge que los acepten, empezando por su hijo, por su tío, que no les cierren las puertas, ya que están necesitados de cariño, de amor, no al estigma, “ese hijo te puede enseñar muchas cosas, dale entrada al amor, a la compasión”. 

 

NTX  - eitmedia.mx

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Last modified on Martes, 04 Diciembre 2018 21:32